Artículo: Cherubina & Friends: hoy hablamos con Lucía Ruiz Lafita de Delirium by Lucía

Cherubina & Friends: hoy hablamos con Lucía Ruiz Lafita de Delirium by Lucía

Lucía lleva vestido Celestia de lurex morado.
CHERUBINA & FRIENDS: DELIRIUM BY LUCÍA
Hay proyectos que nacen de una idea y otros que surgen de una forma muy personal de entender la vida. El de Lucía Ruiz Lafita, fundadora de Delirium by Lucía, tiene mucho de lo segundo.
De la banca a la cocina, de las primeras recetas compartidas en Instagram a crear experiencias gastronómicas con una identidad propia. Lucía ha construido un universo en el que cocinar y recibir van siempre de la mano.
Con motivo de la publicación de su primer libro, El toque Delirium, charlamos con ella sobre sus comienzos, creatividad, el arte de reunir a quienes queremos y la nueva etapa personal que está viviendo.
Hoy hablamos con Lucía Ruiz Lafita, de Delirium by Lucía, mientra viste sus looks favoritos de Cherubina.
Sus comienzos y el nacimiento de Delirium
Antes de Delirium hubo una trayectoria profesional bastante diferente. ¿Cómo pasaste del mundo de la banca a decidir que querías dedicarte a la gastronomía? ¿Recuerdas el momento en el que supiste que querías dar ese paso?
Fue una evidencia que no tardé en aceptar. Desde pequeña sabía que me encantaba comer, y de ahí pasé a la cocina casi sin darme cuenta. En la universidad me pasaba el día cocinando para los demás. Mis padres me pidieron que estudiara una carrera, hice ADE en ICADE como mis tres hermanos, y en cuanto terminé, por fin, Le Cordon Bleu: Madrid, México y París. Mi pasión.
En medio hubo seis meses en un banco francés en París. Y le estoy agradecida: allí aprendí cosas que hoy son la columna vertebral de Delirium, rigor, método, trabajar bajo presión y tratar con clientes muy exigentes. Pero mi cabeza estaba siempre en otra mesa. Yo era la que organizaba las comidas del equipo, la que pensaba el menú del sábado en mitad de una reunión. Estar quieta rodeada de números me daba ansiedad.
Al terminar Le Cordon Bleu me puse a trabajar con Cari Goyanes en SixSens, donde aprendí cómo funciona un catering de verdad por dentro. Y luego llegó el confinamiento. El mundo se paró y yo empecé a cocinar para mis hermanos cada día, un plato nuevo, una mesa distinta. Me di cuenta de que no era una afición: era la única cosa que me hacía sentir que todo iba a salir bien. Cuando algo te sostiene así, ya no es un hobby. Es tu trabajo esperando a que le hagas caso.
Fundaste Delirium en 2020, en un momento especialmente complicado para emprender. ¿Cómo fueron aquellos primeros meses y qué fue lo más difícil de poner en marcha tu propio proyecto?

Lucía lleva el traje Lilibet Paul.
Delirium nació en la cocina de mis padres y en Instagram. Durante el confinamiento subía lo que cocinaba cada día, y en octubre de 2020 anuncié que abría el catering. Lo llamé Delirium porque en mi casa es sinónimo de felicidad y euforia: es el nombre del chat familiar y de nuestro barco de verano. El primer fin de semana no recibí ni un pedido. El lunes siguiente, un montón. Y desde entonces no he parado.
Lo más difícil no fue cocinar, fue todo lo demás: entender que una empresa de gastronomía es un 30% cocina y un 70% logística, equipo, proveedores, poner precio a tu trabajo y aprender a decir que no. En marzo de 2021 contraté a las primeras personas y ese verano abrimos el obrador. Y aprender a confiar en mí.
Hoy Delirium tiene una identidad muy reconocible, tanto en su propuesta gastronómica como en su estética. ¿Tenías claro desde el principio el universo que querías construir o ha ido evolucionando contigo?

Lucía lleva vestido Frisia de lurex dorado.
Tenía clarísima la sensación: que la gente se sentara a mi mesa y no se quisiera ir. El cómo ha evolucionado conmigo. Empezamos con repostería y cajas a domicilio, luego llegaron los caterings, los eventos de marca... La base siempre ha sido la misma: cocina de escuela francesa, actualizada, con mucho color y mucha alegría. Yo intento innovar, romper moldes, y siempre acabo volviendo a mis raíces; ahí es donde me reconozco.
Y la idea de fondo tampoco ha cambiado nunca, y es la que da título a mi libro: cocinar bien es solo la mitad. La otra mitad es recibir. Delirium se parece mucho a mí: es generoso, le gustan las mesas largas, las flores de más y sobre todo muy buen servicio. ¡Es imprescindible que la sala esté muy bien atendida!
Creatividad, inspiración y marca personal
En Delirium la experiencia va mucho más allá de lo que hay en el plato. La decoración, las mesas y la presentación tienen muchísimo protagonismo. ¿De dónde viene esa sensibilidad estética y cómo trabajas la parte creativa de cada evento?

Lucía lleva blusa Luthien marfil y pantalón Pembroke topo.
Es curioso, porque ni mi madre ni mi padre saben cocinar. Lo mío viene de las reuniones familiares en el campo: mesas largas donde nadie tenía prisa por levantarse, y una niña que miraba cómo se ponía todo sin saber que estaba aprendiendo lo más importante que sé. Allí entendí que la cocina es una experiencia para compartir, no solo comida. Y de ahí viene también mi obsesión por las vajillas antiguas y la plata, en Delirium servimos con piezas que son auténticas joyas, y algunas de porcelana las he pintado yo.
Mi método creativo va al revés de lo que la gente espera: no empiezo por el menú, empiezo por la imagen. Cómo quiero que se vea la mesa cuando entre el primer invitado. A partir de ahí construyo hacia atrás: la vajilla, los textiles, la luz, las flores, y solo entonces la comida que encaja con esa escena. Un plato extraordinario en una mesa sin intención se queda en la mitad de lo que podría ser. Para mí la cocina es un acto artesanal: exige presencia, paciencia y sensibilidad, desde elegir el producto hasta el último gesto antes de servir. El verdadero lujo es el tiempo que dedicas a hacer algo bien.
Has trabajado en celebraciones y eventos muy diferentes, muchos de ellos vinculados al mundo de la moda. ¿Qué es lo que más te gusta de crear experiencias a medida y cómo consigues que cada una tenga personalidad propia?
Lo que más me gusta es traducir. Una marca de moda tiene un código, una paleta, una actitud, y mi trabajo es que la comida y la mesa hablen exactamente ese idioma sin que parezca forzado. El invitado no tiene que notar el ejercicio, tiene que sentir que todo encaja.
La personalidad propia nace de escuchar mucho al principio y atreverse después. Cuando el concepto está bien definido, cada detalle cae solo y pedimos feedback siempre, sea una tarta o un evento de doscientas personas, porque es la única forma de seguir mejorando.
¿Dónde encuentras la inspiración? ¿Eres de las que vuelve de un viaje con ideas para nuevas recetas, mesas o presentaciones?

Lucía lleva vestido Celestia de lurex morado.
Soy de las que vuelve de un viaje con una receta y tres kilos más. Pero la inspiración no me llega mirando, me llega comiendo. En un restaurante de Lisboa me fijo en cómo sirven el pan, en Viena en cómo doblan la servilleta, en un mercado de Marrakech en el color de una cerámica, y de repente eso es una mesa entera para un evento en Madrid tres meses después.
Los mercados son mi sitio. Nunca he salido de uno con solo lo que iba a comprar: entro a por limones y salgo con una idea. Un puesto de verduras es un moodboard vivo, te dice qué color, qué textura y qué temporada toca sin que tengas que buscar nada en Pinterest.
Y luego está lo que no se puede planear. Mi cabeza no desconecta: las mejores ideas me llegan todas de golpe por la noche, y lleno el móvil de notas que por la mañana a veces no entiendo ni yo. Pero de ahí han salido algunas de las mesas que más me gustan. La creatividad necesita aire, y yo se lo doy viajando, comiendo y mirando mucho. Lo de dormir ya lo arreglaré.
Cuando una marca lleva tu nombre y refleja tanto tu personalidad, ¿cómo consigues que crezca sin perder aquello que la hace especial?

Lucía lleva vestido Theodora.
Con presencia, con sistema y con criterio compartido.
Presencia porque yo sigo estando en todo, aunque cada vez más desde detrás: en los eventos, en la cocina, visitando clientes, probando cada plato antes de que salga, y si hace falta casi repartiendo. Sé que eso no escala infinitamente y me ha llevado años aprender a delegar, pero es lo que hace que Delirium sea verdad y no una franquicia de mí misma. Hoy tengo un equipo en el que confío plenamente y en el que puedo soltar muchísimo, y eso ha sido el mayor salto.
Sistema porque la personalización de los primeros años era una locura: un menú distinto cada día, inventado de la noche a la mañana. Eso te hace crecer rápido pero no te deja crecer bien. Ahora seguimos siendo flexibles y adaptamos cada propuesta al cliente, pero sobre una base probada: antes de que un plato llegue a una carta ha pasado por pruebas, por el equipo y por mí. Ya no improvisamos personalizaciones de un día para otro. Paradójicamente, tener un sistema es lo que nos permite ser más creativos cuando toca, porque la base está resuelta.
Y criterio compartido porque el equipo tiene que entender el porqué de las cosas, no solo el cómo. Que las copas esperan a la gente y no al revés. Son reglas pequeñas, casi de abuela, pero cuando todo el mundo las tiene interiorizadas, Delirium puede dar cinco eventos en un día sin dejar de ser Delirium. Al final el éxito es el equipo, la flexibilidad bien entendida, la atención al detalle y las ganas.
Su nuevo libro: El toque Delirium
Acabas de lanzar tu primer libro, El toque Delirium. ¿Cómo surgió la oportunidad de escribirlo y qué ha significado para ti dar este paso?
Hace tres años, en una entrevista, me preguntaron qué soñaba y dije: escribir un libro de recetas. No estaba en mi lista inmediata, ni en mis planes más locos a corto plazo. Hace un año surgió la oportunidad con Planeta y dije que sí sin pensarlo, que es como he dicho que sí a casi todo lo importante de mi vida. Después llegaron los meses de escribir, probar, fotografiar y repetir. Más de setenta recetas, nueve ocasiones, decenas de mesas montadas para las fotos.
Lo he hecho embarazada, con Delirium a pleno rendimiento en la época más fuerte del año y con una reforma en casa, así que ha sido el año más intenso de mi vida. Pero cuando lo tuve en las manos por primera vez entendí que era lo más personal que he hecho nunca. No es un recetario: es todo lo que he aprendido en seis años de montar mesas, ordenado para que cualquiera pueda usarlo.
El libro no es solo un recetario, también recoge tu manera de entender el arte de recibir en casa. ¿Qué querías transmitir a quienes lo tengan entre sus manos?

Lucía lleva top Ash vino y pantalón Paul topo.
Que recibir en casa no tiene por qué ser un estrés, y que la diferencia entre disfrutar y sufrir no está en cocinar mejor, sino en organizarse mejor. Lo dije hace años y lo sigo pensando: la organización es la clave de una cocina que funciona. Por eso el libro está construido por ocasiones y cada una lleva su plan de acción: qué hacer el día antes, la mañana, dos horas antes, una hora antes y cuando suena el timbre. Es el mismo sistema que uso en Delirium para un evento grande, adaptado a una cena de ocho.
Y en cada receta hay un Picatoste: el truco concreto que hace que el plato salga como en la foto. Quería un libro que se use, que se manche, que se abra cuando tienes un plan. No solo un libro bonito para la estantería.
Después de tantos años organizando eventos para otras personas, ¿qué tres consejos darías a alguien que quiere preparar una comida especial en casa y disfrutarla tanto como sus invitados?
Uno: adelanta todo lo que puedas. El día antes se hace lo que aguanta; la mañana, lo que no. Cuando lleguen, solo deberías tener que calentar, emplatar y servir. Si estás cocinando cuando suena el timbre, el plan estaba mal.
Dos: ten unos mínimos. No hace falta Versalles, pero tampoco platos de cartón y una bolsa de patatas abierta en medio de la mesa. Música, una luz agradable, un cóctel para recibir y una mesa con intención. Si no tienes flores, unos limones con romero en un cuenco. Y una despensa de fondo: conservas, huevos y un buen fondo casero congelado te sacan de cualquier imprevisto.
Tres: no cuentes el caos. Tus invitados han venido a cenar, no a pasar una inspección. Sonríe, sírveles una copa y que parezca que todo ha sido fácil. Que lo parezca es, exactamente, el trabajo.
Una nueva etapa personal
Estás viviendo un momento muy especial, con el lanzamiento de tu primer libro y la llegada de tu primer hijo. ¿Cómo estás viviendo esta etapa llena de cambios y nuevas ilusiones?

Lucía lleva vestido Aberdeen.
Pues con mucha emoción y, siendo sincera, sin haber cambiado nada de mi vida. Al contrario: creo que estoy trabajando más que nunca. Entre el libro, Delirium a tope, la reforma de casa y el embarazo, hay días que pienso que no puedo dar más de mí… y al día siguiente doy un poco más, jajaja. ¡No paro! Y me conozco: no sé hacerlo de otra manera.

Lucía lleva vestido Fog berenjena.
Dicen que en la vida hay que hacer tres cosas: escribir un libro, tener un hijo y plantar un árbol. Este año hago las dos primeras casi a la vez, así que solo me falta el árbol. Y lo voy a plantar, que conste.
Ahora solo pienso en las mesas que voy a montar y en los saraos infantiles, jajaja.
La mujer detrás de Delirium
Emprender implica tomar decisiones constantemente, asumir riesgos y aprender sobre la marcha. ¿Cuál dirías que ha sido tu mayor aprendizaje desde que fundaste Delirium?

Lucía lleva vestido Celestia de lurex morado.
Que se puede tener miedo y hacerlo igual. Lo he comprobado en cada salto, desde montar la empresa sin nada hasta el programa de televisión o el libro. Nunca me he sentido preparada del todo y siempre he dicho que sí. La preparación llega haciendo, no esperando.
Y lo segundo, que me costó más: delegar. Durante mucho tiempo pensé que tenía que poder con todo, estar en cocina, en los eventos, con los clientes y en el reparto. Lo que de verdad me ha hecho crecer ha sido rodearme de gente mejor que yo en cada área y confiar. No se me ha caído nada por soltar. Al contrario: es cuando Delirium empezó a parecer una empresa y no una persona con mucha energía.
Tu trabajo está muy ligado a las celebraciones y a esos momentos en los que nos reunimos con las personas que queremos. ¿Cómo eres tú cuando recibes en casa? ¿Te gusta tenerlo todo preparado o también sabes improvisar?

Lucía lleva vestido Aberdeen.
Las dos cosas, y creo que esa es la clave. Me gusta tenerlo todo preparado: tengo una checklist que repaso antes de cada cena, la misma que está en el libro. Pero la preparación de verdad no es la de esa noche, es la de fondo: un congelador bien pensado y una despensa con criterio. Con eso, improvisar es fácil. Si me escriben cinco minutos antes, digo "subid" sin dudar. En mi casa puede faltar cualquier cosa absurda, pero comida no falta jamás.
Donde soy un desastre es echando a la gente. Siempre abro otra botella y una hora después me pregunto por qué. Mi padre dice que es mejor quedar en casa de otro para poder irse corriendo. Tiene razón, jajaja.
Si pudieras volver a hablar con la Lucía que estaba empezando a emprender en 2020, ¿qué consejo le darías?
Que no hace falta tenerlo claro para empezar; hace falta empezar para tenerlo claro. Que ese primer fin de semana sin ningún pedido no significa nada, que el lunes cambia todo. Que va a dudar de sí misma más de lo que nadie sabe, y que da igual, porque va a seguir. Que invierta antes en equipo y en una buena vajilla, las dos cosas se amortizan. Y que apunte las fechas de los eventos por escrito, por triplicado y, si hace falta, ante notario: se va a ahorrar algún que otro disgusto considerable, jajaja.
Con Delirium consolidado y tu primer libro recién publicado, ¿qué te gustaría que viniera después? ¿Hay algún sueño o proyecto que todavía tengas pendiente?
Lo primero, mi hijo. Lo segundo, ser madre sin dejar de ser esto, que ya es un proyecto en sí mismo y uno de los que más me interesa contar.
Y luego hay sueños que no se han ido. Hace tres años dije tres cosas: que quería escribir un libro, lanzar una línea de productos gourmet y seguir creciendo con Delirium, quizá fuera de España. El libro ya está. Los productos siguen en la lista. Y quién sabe, quizás un segundo libro, algo tipo recetas para disfrutar en familia, menús de domingo o el primer cumpleaños. Yo aprendí todo lo que sé en la mesa de mis padres, con mis hermanos; ahora me toca montar la mía. Me parece que la vida me lo va a escribir sola en los próximos dos años. Solo tengo que ir apuntando.
Gracias, Lucía, por compartir con nosotras tu historia y tu manera tan personal de entender la cocina y el arte de recibir. 🤍
Nos vemos en el próximo Cherubina & Friends.
